Por:
Maria Clara Hoyos
Presidente ejecutiva
Asomicrofinanzas
Microfinanzas:
un eslabón clave para
la política pública
de Colombia
Sin lugar a duda, Colombia cuenta hoy con un activo estratégico que merece un lugar central en la conversación sobre desarrollo económico y política pública: el microcrédito y el ecosistema microfinanciero. Lejos de ser una promesa a futuro, se trata de un sector que ya muestra resultados concretos, impacto territorial y una capacidad probada para dinamizar la economía popular del país.
El microcrédito y el ecosistema microfinanciero no solo han demostrado resiliencia, sino una capacidad única para leer el territorio, adaptarse a las realidades locales y generar impacto donde otros instrumentos no llegan. A lo largo de los años, este sector ha construido una red sólida de confianza con millones de colombianos, impulsando emprendimientos, fortaleciendo economías populares y promoviendo inclusión financiera con enfoque productivo. Por eso, su participación activa en el diseño e implementación de la política pública no es una aspiración sectorial, sino una oportunidad país para avanzar hacia un desarrollo más equitativo, sostenible y con sentido territorial.
Las cifras de 2025 así lo demuestran. La cartera bruta de microcrédito alcanzó los $25,08 billones, registrando un crecimiento real del 8,5%, el nivel más alto en más de siete años, con más de 2,5 millones de clientes activos y un monto desembolsado de $17,80 billones a través de cerca de 1,8 millones de operaciones. Estos datos no solo reflejan crecimiento; evidencian confianza, sostenibilidad y una demanda sólida de financiamiento productivo por parte de millones de colombianos.
Uno de los mayores aportes del microcrédito es su capacidad de llegar a todo el territorio nacional. Más de la mitad de los clientes y de los desembolsos se concentran en municipios rurales, intermedios y rurales dispersos, confirmando que las microfinanzas son una herramienta efectiva para cerrar brechas regionales y fortalecer economías locales. Allí donde se impulsa un pequeño negocio, una unidad productiva familiar o un emprendimiento comunitario, se genera empleo, ingresos y tejido social.
Este ecosistema también es un aliado clave de la equidad de género. En 2025, el 51,5 % de los clientes de microcrédito fueron mujeres, muchas de ellas emprendedoras que sostienen hogares, crean oportunidades y transforman sus comunidades. Las microfinanzas no solo financian actividades productivas; amplifican capacidades, autonomía y liderazgo económico.
En un contexto electoral como el que vive hoy Colombia, estas realidades adquieren una relevancia especial. El país discute su rumbo económico, social y territorial, y es justamente en ese debate donde el crédito a la microempresa, negocios productivos y negocios por cuenta propia deben ocupar un lugar protagónico. No como un complemento, sino como un instrumento probado para el desarrollo productivo y la inclusión financiera.
Integrar al ecosistema microfinanciero en la política pública significa reconocer su capacidad para aportar a objetivos estratégicos del país: crecimiento económico desde la base productiva, fortalecimiento de las regiones, generación de empleo y reducción de desigualdades. Implica diseñar políticas que potencien lo que ya funciona: marcos normativos adecuados, acceso a fondeo, innovación tecnológica, educación financiera y articulación con programas de desarrollo empresarial.
El llamado al Gobierno nacional y a los candidatos presidenciales es claro: el futuro de Colombia también se construye desde las microfinanzas. Incluirlas de manera decidida en la agenda pública es apostar por un modelo de desarrollo más cercano a la realidad de millones de colombianos con oportunidades para todos y más sostenible en el tiempo.
El microcrédito ya está demostrando su impacto. Ahora el reto es escalarlo, fortalecerlo y convertirlo en uno de los pilares de la política pública del futuro colombiano.
Según la encuesta de micronegocios (EMICROM) del DANE, en el tercer trimestre de 2023 se llegó a un total de 5.590.701 micronegocios, cifra que viene en crecimiento desde el mismo período de 2022, cuando alcanzó cifras similares a las registradas antes de la pandemia del Covid 19, cuando se tenían 5.351.720 micronegocios (primer trimestre de 2019). Vale la pena mencionar que los sectores económicos que más participación tienen del total de micronegocios son comercio (25,7%) y agricultura (23%).
Además de representar más del 95% del ecosistema empresarial del país, las mIcroempresas ocupan cerca de 7.250.000 colombianos y colombianas, lo cual representa el 30,3% del total de ocupados a nivel nacional. Por sector económico, estos emprendimientos ocupan más de la mitad de la población que trabaja en el sector agrícola, alrededor del 46% de los que lo hacen en el sector de comercio y 42.8% de los que desempeñan sus actividades en el sector de alojamiento y servicios de comida.
Y es allí donde entra la labor de responsabilidad social del sector microcrediticio. Tenemos un «ejército» de 9.700 asesores especializados en este tipo de opción crediticia, todos vinculados con las 40 entidades microflnancieras que hacen parte de nuestro gremio Asomicroflnanzas.
Con esa cantidad de colaboradores, el 60 % mujeres y el 40 % hombres, llegamos para hacer realidad los sueños de emprender o fortalecer un negocio, para hacerse más productivos y competitivos y construir un mejor país con menor desocupación.
Sin duda, la importancia del microcrédito es para negocios productivos, en la medida que el desempleo sube coge más fuerza el microcrédito y en la medida en que esas personas y sus negocios se fortalecen, van a tener más acceso a servicios financieros, sin importar su ubicación geográfica ni su condición social. El microcrédito es el camino para ayudar al crecimiento del país.
